miércoles, 29 de septiembre de 2010

-Cartas- Avión llevado por Brisa, la brisa


Queridos usuarios de nuestra aerolínea, les solicitamos mantengan la calma. La aeronave tiene algunas fallas mecánicas. Por su seguridad les pedimos desabrochen sus cinturones de seguridad, tomen un paracaídas que se encuentran bajo sus asientos, aseguren primero a sus niños y prepárense para saltar.

Soy la brisa que pasa por tu lado, te roza, te toca y se va. Brisa para muchos, lluvia para otros, viento para algunos, tormenta para pocos… Soy la brisa que te levanta los cabellos que se atraviesan en la cara y se meten en la boca, la brisa que levanta plumas del suelo y aleja papeles pasajeros del viento. Soy la brisa leve de ayer, la brisa suave de hoy y la brisa fuerte de mañana.

Saluda mi nuevo nombre: Brisa, la brisa.

Pocos lo notarán y menos me oirán, pero ahí estoy: rozándote delicadamente. Si en algún momento sientes falta de aire, lo siento, fui yo que sentí no tener nada más que hacer ahí contigo. Busca un tanque de oxigeno si te alcanza el aliento para hacerlo. Si por el contrario sientes que el aire te quema por dentro, es porque ahí estoy dándote más de lo que debería. No te relajes, también puedo matar de exceso.

Nadie puede pintarme o fotografiarme porque no pueden verme. Sólo ven lo que dejo a mi paso, pero ya estaré bien lejos. No pueden tocarme, sólo sentirme si yo los toco. No pueden olerme pero puedo transportar aromas. No pueden degustarme porque me desvanezco cuando deseo, pero sí podrás oírme porque siempre dejo una canción a mi paso. Sólo tendrás que callar porque si no, tu voz será un ruido y mi paso un silencio.

Soy la brisa que te mete la arena en el ojo y hace que la gota de helado caiga en tu camisa. La brisa que se va y pocas veces vuelve, y si vuelve, no es la misma porque el tiempo y los caminos la han cambiado. Soy la brisa que querrás conocer porque te da frescura y mantiene el movimiento de lo estático, la que te cambia los cielos todos los días. Soy la brisa que no querrás conocer porque te quita la frescura –una vez la conoces-, te revuelca el pelo y te arrastra por otros caminos más largos.

Soy la brisa, Brisa.

Los pasajeros no pudieron saltar del avión porque al abrir la aeronave, una fuerte brisa de mañana los empujó hacia atrás. El piloto entró en pánico y cuando la nave tuvo que colapsar, empezó a planear. Era la brisa quien controlaba el nuevo rumbo.

miércoles, 7 de abril de 2010

-Cartas- Avión para los que pierden para ganar


Es terrible cuando quiero escribir sobre lo que vieron mis ojos mientras los tenía cerrados, pero las labores académicas me obligan a escribir sobre lo que a ellas les da la gana. Pero bueno, no siempre se trata de ganarle a las responsabilidades. Yo diría que casi siempre son ellas las que nos ganan porque de cierta forma nos prometen una meta cumplida, como quien dice “una victoria”.
Entonces, ¿Cómo es que no entiendo? Bueno, es simple. Cuando hago lo que quiero y dejo a un lado una responsabilidad triste y vacía, supongo que le gané. Pero cuando ella me supera a mí y termino haciéndola a ella, perdí.
Se supone que la suma de la mayoría de todas esas veces en que fui vencida, me llevará a una meta ganada. Entonces, ¿vale la pena perder un montón de veces para ganar sólo una? No responderé porque supongo que aunque lo diga, seguiré perdiendo muchas veces sólo para ganar una.
Me queda un alivio y es que esto de hoy es un empate: nadie perdió por W (walk-over), no gané del todo porque terminé haciendo lo que no quería hacer, pero no perdí del todo porque –aunque no escribí sobre lo que mis ojos vieron cuando estaban cerrados- escribí sobre… no sé cómo llamar a esto.
PD: Es que creo que mis ojos no estuvieron cerrados.

Por: Paula Andrea Gómez Saldarriaga

martes, 16 de febrero de 2010

-Cartas- Un avión para Cupido, tonto, Cupido


Ven aquí pequeño barrigón.
Sos el sol y la lluvia juntos.
Pero, ¿sabes?, me gusta más la lluvia, aunque prefiero que mis momentos estén soleados ¿Lo entiendes?

Es maluco que tu flecha sea unidireccional. Así duele más.
Pero, ¿sabes qué es lo peor, tonto? Que tenés buena puntería. Algún día te vas a descuidar y te voy a atrapar. Ya verás.

Bueno, Cupido, mientras tanto vuela lejos que cuando te necesite, te mandaré uno de estos aviones. Por ahora sé feliz y espero que este avión te golpee en la nariz.

Por: Paula Andrea Gómez Saldarriaga

-Cartas- El avión que baila en el aire


Mi guitarra está cansada.
Pregunta que cuántas cuerdas voy a reventar. Pero es complicado. Aunque ella no lo entienda, a mi me resulta imposible no tocarlas. Es que cuando canto tus canciones, se me cierran los ojos y de repente las cuerdas explotan.
¿Serán mis dedos?, ¿será la guitarra?, ¿serán tus canciones?... Nuestras canciones.

Por: Paula Andrea Gómez Saldarriaga

-Cartas- Un avión en el atardecer


-Hola, ya llegué.
-¿Quieres café?
-Con un chocolate por favor.

Se sentaron como todas las tardes a endulzar un café con una chocolatina de leche.

-¿Y cómo estuvo tu día?
-Perfecto. En la mañana salió el sol, el bus me dejó y llegué tarde a clase. Luego el profesor dijo que sacáramos una hoja porque había examen sorpresa. Sentí que me fue fatal, pero dibujé una Luna donde iba mi nombre.
Sonreí al profesor, me puse de pie y le dije a la clase: “mientras ustedes repasaban ayer las notas de clase, observé el crepúsculo… Lo que ustedes releyeron, yo lo puedo hacer ahora o mañana, pero lo que yo vi ayer, ustedes no lo podrán ver ahora o mañana”.

El profesor sonrió, observó por la ventana y dijo: -“Niña, ¿cuál es su nombre?”. –Luna, le dije. –“Luna, tiene un cero”, mientras lo dibujaba en el aire.
La mirada del profesor parecía perderse en los renglones del libro que leía, mientras los alumnos terminaban el examen. A veces miraba por la ventana.

Cuando me alejé del salón, miré al profesor, y en sus ojos pude comprender que él nunca había observado el crepúsculo.

El chico del café miró a la joven y le dijo: “¿Y qué es lo que hace que tu día haya sido perfecto?”
-Primero porque tengo la certeza que el profesor hoy mirará el crepúsculo y no habrá exámenes sorpresa de ahora en adelante.
Y segundo, y lo más importante, porque estoy aquí contigo y ya es hora del crepúsculo.

Por: Paula Andrea Gómez Saldarriaga

-Cartas- Un avión que voló desde un puente


Estrellas de ciudad que mienten

Miro por la ventana y veo millones de estrellas en la ciudad… se prenden y apagan, algunas van a 40 kilómetros por hora, otras se detienen en los semáforos… otras se acuestan a dormir y otras se van a desvelar… Esas estrellas no están a nosecuántos millones de años -de distancia- de mí… pero me alegra verlas porque sé que una es tuya, y aunque se apague, estarán las otras confundiéndome y haciéndome creer que aún estás ahí.

Por: Paula Andrea Gómez Saldarriaga

-Cartas- El avión que voló desde una ventana


Esta carta de amor la hice pensando en ti. Después de todo, últimamente, sólo pienso en ti. No voy a escribir que me encanta tu mirada o tu sonrisa. Voy a contarte que ayer apareciste en mis sueños y también en mis pesadillas. Cuando desperté, miré el cielo y una nube me dijo que parecías feliz… yo pensé, “¿serás feliz?”. –Mira nube, le dije, tú pareces un elefante pero sólo eres nube, ¿lo comprendes?, ella sonrió y me contestó: -Creo que lo has entendido. Y se marchó.

Sólo para ti en este avión de papel que ahora vuela.

Por: Paula Andrea Gómez Saldarriaga