martes, 16 de febrero de 2010

-Cartas- Un avión para Cupido, tonto, Cupido


Ven aquí pequeño barrigón.
Sos el sol y la lluvia juntos.
Pero, ¿sabes?, me gusta más la lluvia, aunque prefiero que mis momentos estén soleados ¿Lo entiendes?

Es maluco que tu flecha sea unidireccional. Así duele más.
Pero, ¿sabes qué es lo peor, tonto? Que tenés buena puntería. Algún día te vas a descuidar y te voy a atrapar. Ya verás.

Bueno, Cupido, mientras tanto vuela lejos que cuando te necesite, te mandaré uno de estos aviones. Por ahora sé feliz y espero que este avión te golpee en la nariz.

Por: Paula Andrea Gómez Saldarriaga

-Cartas- El avión que baila en el aire


Mi guitarra está cansada.
Pregunta que cuántas cuerdas voy a reventar. Pero es complicado. Aunque ella no lo entienda, a mi me resulta imposible no tocarlas. Es que cuando canto tus canciones, se me cierran los ojos y de repente las cuerdas explotan.
¿Serán mis dedos?, ¿será la guitarra?, ¿serán tus canciones?... Nuestras canciones.

Por: Paula Andrea Gómez Saldarriaga

-Cartas- Un avión en el atardecer


-Hola, ya llegué.
-¿Quieres café?
-Con un chocolate por favor.

Se sentaron como todas las tardes a endulzar un café con una chocolatina de leche.

-¿Y cómo estuvo tu día?
-Perfecto. En la mañana salió el sol, el bus me dejó y llegué tarde a clase. Luego el profesor dijo que sacáramos una hoja porque había examen sorpresa. Sentí que me fue fatal, pero dibujé una Luna donde iba mi nombre.
Sonreí al profesor, me puse de pie y le dije a la clase: “mientras ustedes repasaban ayer las notas de clase, observé el crepúsculo… Lo que ustedes releyeron, yo lo puedo hacer ahora o mañana, pero lo que yo vi ayer, ustedes no lo podrán ver ahora o mañana”.

El profesor sonrió, observó por la ventana y dijo: -“Niña, ¿cuál es su nombre?”. –Luna, le dije. –“Luna, tiene un cero”, mientras lo dibujaba en el aire.
La mirada del profesor parecía perderse en los renglones del libro que leía, mientras los alumnos terminaban el examen. A veces miraba por la ventana.

Cuando me alejé del salón, miré al profesor, y en sus ojos pude comprender que él nunca había observado el crepúsculo.

El chico del café miró a la joven y le dijo: “¿Y qué es lo que hace que tu día haya sido perfecto?”
-Primero porque tengo la certeza que el profesor hoy mirará el crepúsculo y no habrá exámenes sorpresa de ahora en adelante.
Y segundo, y lo más importante, porque estoy aquí contigo y ya es hora del crepúsculo.

Por: Paula Andrea Gómez Saldarriaga

-Cartas- Un avión que voló desde un puente


Estrellas de ciudad que mienten

Miro por la ventana y veo millones de estrellas en la ciudad… se prenden y apagan, algunas van a 40 kilómetros por hora, otras se detienen en los semáforos… otras se acuestan a dormir y otras se van a desvelar… Esas estrellas no están a nosecuántos millones de años -de distancia- de mí… pero me alegra verlas porque sé que una es tuya, y aunque se apague, estarán las otras confundiéndome y haciéndome creer que aún estás ahí.

Por: Paula Andrea Gómez Saldarriaga

-Cartas- El avión que voló desde una ventana


Esta carta de amor la hice pensando en ti. Después de todo, últimamente, sólo pienso en ti. No voy a escribir que me encanta tu mirada o tu sonrisa. Voy a contarte que ayer apareciste en mis sueños y también en mis pesadillas. Cuando desperté, miré el cielo y una nube me dijo que parecías feliz… yo pensé, “¿serás feliz?”. –Mira nube, le dije, tú pareces un elefante pero sólo eres nube, ¿lo comprendes?, ella sonrió y me contestó: -Creo que lo has entendido. Y se marchó.

Sólo para ti en este avión de papel que ahora vuela.

Por: Paula Andrea Gómez Saldarriaga