
Es terrible cuando quiero escribir sobre lo que vieron mis ojos mientras los tenía cerrados, pero las labores académicas me obligan a escribir sobre lo que a ellas les da la gana. Pero bueno, no siempre se trata de ganarle a las responsabilidades. Yo diría que casi siempre son ellas las que nos ganan porque de cierta forma nos prometen una meta cumplida, como quien dice “una victoria”.
Entonces, ¿Cómo es que no entiendo? Bueno, es simple. Cuando hago lo que quiero y dejo a un lado una responsabilidad triste y vacía, supongo que le gané. Pero cuando ella me supera a mí y termino haciéndola a ella, perdí.
Se supone que la suma de la mayoría de todas esas veces en que fui vencida, me llevará a una meta ganada. Entonces, ¿vale la pena perder un montón de veces para ganar sólo una? No responderé porque supongo que aunque lo diga, seguiré perdiendo muchas veces sólo para ganar una.
Me queda un alivio y es que esto de hoy es un empate: nadie perdió por W (walk-over), no gané del todo porque terminé haciendo lo que no quería hacer, pero no perdí del todo porque –aunque no escribí sobre lo que mis ojos vieron cuando estaban cerrados- escribí sobre… no sé cómo llamar a esto.
PD: Es que creo que mis ojos no estuvieron cerrados.
Por: Paula Andrea Gómez Saldarriaga