miércoles, 11 de febrero de 2009

Con el juicio corrupto

Colombia que ha sufrido muchas infamias, entre ellas los secuestros de muchos ciudadanos, también ha tenido que ver con horror cómo los medios de comunicación tratan el tema de la liberación de secuestrados como si fuera un zoológico lleno de animales que gritan, lloran, moquean y sonríen. Ésta es la impresión que me llevo después de ver los noticieros nacionales, después de leer repetidamente las mismas palabras, mismas imágenes, mismos comentarios.

Es cierto que la liberación de una persona que lleva secuestrada varios años, es un motivo de alegría y triunfo, pero en los diarios y noticieros están agotando la noticia y el tema hasta que ya no le encuentran más subtemas por manejar y terminan revelando aspectos que tal vez, no tendríamos que saber porque son asuntos que hacen parte de la intimidad de la familia y del secuestrado.

Uno de los casos particulares que más llama la atención para mostrar la intromisión y falta de respeto en el tratamiento de la información, es el de Clara Rojas y su hijo Emmanuel, cuando, en enero de 2008, Juan Gossaín le preguntó si era cierto que en un momento de desesperación había intentado ahogar a su hijo en un río. ¿Acaso eso era lo que necesitábamos saber los colombianos acerca de sus años de cautiverio? ¿Era más importante saber el nombre del padre del niño que conocer informaciones que pudo obtener estando en el campo?

El secuestro y la situación que padecen quienes lo viven es un tema que no se debería analizar desde afuera, es decir, no me parece correcto que alguien que no lo ha vivido o ha tenido una experiencia cercana, lo juzgue, lo señale y lo interprete. Estar en esa situación o ver sufrir a los seres queridos que sí lo están, vuelve vulnerables y manipulables a las familias, ante cualquiera que muestre intenciones de ayudar y dar un punto final a ese sufrimiento.

Como escribió Orson Scott Card en Una mirada incómoda a un futuro posible, “el afecto personal es un lujo que sólo se puede permitir una vez que se han eliminado los enemigos. Porque hasta ese momento, los seres queridos se convierten en rehenes, que minan el coraje y corrompen el juicio”.

La última liberación de uno de los secuestrados que se encontraba en cautiverio por motivos políticos, y que marcaron la historia del país, fue la de el exdiputado Sigifredo López. Tal vez no fueran únicamente algunas familias quienes tenían el coraje minado; era un país entero con el juicio corrupto, que tal vez aún siguen igual porque el tema de los secuestrados no ha terminado. Todavía quedan muchos que, aunque no tengan la misma voz que los políticos, aún sufren callados, en los campos del país.

Paula Andrea Gómez Saldarriaga

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