martes, 17 de marzo de 2009

Juegos… ¿o cuestión de suerte?

La semana pasada se conoció el caso de Tim Kretschmer quien mató a 15 personas y luego se suicidó. El joven alemán de 17 años era exalumno del colegio donde inició la matanza; amante de los juegos de video violentos, de las películas de terror y jugaba ping pong. En el colegio se perfilaba como un estudiante poco sociable y apartado de todos (dijo un maestro suyo).

Psicólogos, sociólogos, políticos y profesores apuntan a que los videojuegos violentos contribuyen a que los jóvenes con tendencias psicópatas realicen actos desenfrenados como recurrir al homicidio de ciudadanos, amigos y familia; afirman también que el común dominador de ellos, es que juegan o jugaron videojuegos.

Es cierto que el abuso de consolas y juegos alienantes, hace que los jóvenes se aíslen de la sociedad y encuentren un escenario no real en el juego, lo que termina por convertirlos en personas antisociales y con miedo a relacionarse con otros. Lo mismo que pasa con la televisión y la Internet, pero, es probable que otro común denominador de dichos jóvenes, sea usar jeans y camisetas. ¿Entonces todos los que usan ese tipo de ropa también son peligrosos? No creo que la culpa sea completamente de los juegos y videos violentos. Puede ser que éstos tengan parte de la culpa, así como la televisión, los libros, revistas, periódicos; pero la mayor culpa es de la sociedad. Como el hombre destruye su entorno, también se autodestruye y lo mismo hace con los demás.

Las opiniones acerca de los videojuegos están divididas: mientras algunos educadores y psicólogos afirman que los juegos estimulan las aptitudes de razonamiento estratégico, la imaginación y la creatividad, otros difieren y aseveran que son culpables de un aislamiento de los niños y jóvenes de la sociedad actual.

Cada vez estamos más estrechos pero no quiere decir que estemos acompañados. Estamos estrechos y solos. ¡Qué paradoja! Mientras tenemos más, también tenemos menos. Estamos llenos de información pero es tanta que no sabemos qué hacer con ella, no tenemos tiempo para digerirla, para investigarla o para verificarla, nos toca tragar entero y conformarnos con una vida rápida y vacía. Cada vez tenemos menos posibilidades de mirar el cielo porque la ciudad nos pone paredes de cemento y techos de humo, y si no miramos hacia el horizonte y hacia arriba, no hay oportunidades para soñar, que a la hora de la verdad es lo que más nos produce ganas de vivir. Puede que estos jóvenes homicidas y en muchos casos suicidas, no tengan oportunidad de mirar el cielo y soñar, o puede ser también que sólo observan un cielo virtual y sus sueños también son virtuales.

Hablando de suerte

Otro común denominador de los jóvenes que balearon a sus compañeros y profesores, es que son de países desarrollados. Ellos tuvieron la suerte de nacer allá y ese tipo de violencia no es usual debido a las oportunidades y modelos de vida que tienen. Pero, por ejemplo, yo tuve la suerte de nacer en Colombia, un país donde las oportunidades son para pocos, y estamos más acostumbrados al fracaso que en otros países. ¿Será por eso entonces? ¿Qué nosotros estamos acostumbrados al dolor y por eso no salimos con un arma a matar a quien se atraviese, sólo por el hecho de haber fracasado en algo o simplemente porque no salió como esperábamos? ¿O será que si en Colombia nuestros padres tuvieran una colección de armas, correríamos a matarnos? Me inclino más por la primera opción. Es más, pensándolo bien yo creo que en nuestro país se ven cosas peores casi a diario. Lo que pasa es que ya no es escándalo porque no se trata de un joven estudiante, con acceso a buenas oportunidades, comida, educación, información, entretenimiento…armas. En cambio en el caso de los jóvenes de Colombia, son pocos los que tienen acceso a éstas mismas oportunidades, o como otro gran porcentaje; están en el campo incorporándose a las guerrillas o están en barrios marginados metiendo droga y delinquiendo. Tal vez sea cuestión de suerte, pero no creo que la culpa sea de los juegos de video, sino de la sociedad que los lleva a aislarse de la realidad.

Por: Paula Andrea Gómez Saldarriaga

jueves, 5 de marzo de 2009

Ojo por ojo

El sadismo le debe su nombre a Donatien Alphonse François de Sade, que es considerado el primer escritor maldito de la época moderna.

El conocido Marqués de Sade nació en París en 1740 y pasó muchos años en la cárcel, donde escribió la mayoría de historias, novelas y obras de teatro, de las que sólo se recuperaron algunas que no cayeron en manos de la policía o de su propia familia.

Las novelas y obras de Sade contienen relatos eróticos y violentos, fundamentados en una filosofía de desprecio por las normas morales y religiosas. La ley del Talión, es el nombre de uno de sus cuentos donde relata la historia de un burgués que mantiene relaciones sexuales con su prima religiosa, y cuando su esposa lo cuestiona, el hombre le explica que esa es la forma de ganar la salvación divina porque el espíritu santo tomó su cuerpo. Luego su esposa decide vengarse y se acuesta con un vicario. Cuando el burgués la trata de prostituta, ella argumenta de la misma forma: que el espíritu santo tomó su cuerpo.

En la historia aparece el concepto de Ley del Talión como la conocemos hoy: “ojo por ojo, diente por diente, mano por mano… golpe por golpe” que es el mismo concepto ya existente en La Biblia (Éxodo 21: 23-25) y en el Corán (Cap 17, vers 33) que dice: “cuando un hombre es muerto injustamente, damos a su pariente próximo el poder de vengarlo. Que no exceda en la muerte”.

Vemos, entonces, que esta ley es la primera que pone regulaciones a la venganza, tratando de mantener un equilibrio entre el dolor causado y el dolor recibido. Si le cortan un brazo, puede cortar el brazo de quien lo hizo; si matan a su hijo, mate el hijo del asesino; si lo dejan ciego, prívelo de su visión.

El 3 de marzo de este año se conoció la noticia sobre la decisión de una mujer iraní que decide aplicar la Ley del Talión al hombre que le quemó los ojos con ácido, debido a su negativa para casarse con él.

Según las políticas de su país, esta medida es legal y tiene cientos de años de tradición. El problema es que en su cultura, la mujer vale la mitad de lo que vale el hombre, entonces la verdugo sólo podrá afectarle un ojo a menos que pague 20.000 euros, para poder ejecutar la sentencia de forma total.

En la historia islámica de los años 600, se encuentran algunos ejemplos de este tipo de venganza, donde se asesinaba a alguno de los jefes máximos en las batallas, y más tarde se cobraba represaria de la misma manera. Por ejemplo la Batalla del Camello donde vengaron el asesinato de Osmán –el yerno de Mahoma- que fue muerto supuestamente a manos de Alí –otro yerno-. De esta lucha nació la división del Islam entre sunnitas y chiítas. Esto muestra que la venganza puede marcar una cultura y volverse, incluso, política de ella.

Según la tradición y las leyes de Irán, y gracias a La Biblia, al padre del Sadismo y a otros autores que se han encargado de mantener vivas las historias y relatos de venganzas equilibradas; la mujer iraní –llamada Ameneh Bahrami- podrá aplicar, a su reo, la ley del Talión.

Por: Paula Andrea Gómez Saldarriaga