viernes, 29 de mayo de 2009

Canon de genios para futuros genios

Harold Bloom es un crítico alemán que sostiene varias teorías acerca del estudio de la literatura como medio necesario para vivir. Odiado por muchos y amado por otros, Bloom ha escrito más de 20 ensayos entre los que se destacan ‘Genios’, ‘Shakespeare, la invención de lo humano’, Cómo leer y por qué’, ‘Relatos y poemas para niños extremadamente inteligentes de todas las edades’, ‘El futuro de la imaginación’ y el que más despertó interés entre el público y críticos “El canon occidental’.

Bloom es un enamorado de la literatura, aunque a diferencia de los enamorados no tiene nada que perder porque la cercanía al conocimiento es un juego en el que participa a la vez como amigo y a la vez como amante, y entonces perder no es una opción. Pues el amor y la amistad son sentimientos hermanos y no existe la forma de amar a alguien sin ser amigo, o de ser amigo sin amarlo -de cierto modo-, y la literatura es una amigo que aparece mientras se está en soledad: invita a reflexionar, a conocer personajes muertos o vivos, y sobre todo porque hay muchas formas de leerla para interpretar la ‘realidad’ de infinitas formas, y de hacer explícito lo que hay implícito en una lectura.

Un ideal es un pensamiento que se tiene de algo que parece imposible de alcanzar, pero si se trabaja en ello constantemente, es probable que se logre un acercamiento interesante, con la posibilidad de permitir que otros lo sigan construyendo. Así como millones de vivos del pasado –y muertos del presente- lucharon por conseguir una rápida y efectiva forma de comunicación, pasando por señales de humo, la rueda, las cartas, entre otros; los muertos del futuro, contamos con herramientas como la Internet, la telefonía, y en general, tecnología que nos permiten desarrollarnos a través de sueños cumplidos, que otros hombres tuvieron antes que nosotros.

El ideal de Harold Bloom cada vez se ve más amenazado por las herramientas que en algún momento fueron ‘el ideal’ de otros. Los niños y jóvenes de la actualidad no son grandes lectores como lo fueron los de otra época, es por eso que Bloom ha escrito libros con los que busca llegar al mayor número de personas posibles para que al igual que él estudien y se enamoren de la literatura que es necesaria para acercarse a la sabiduría y de este modo poder vivir mejor.


Genios y escritores

‘Genios: un mosaico de cien mentes creativas y ejemplares’, es una lista de ‘genios’ –como su autor los llamaría- que han dejado en sus escritos, la esencia de lo humano, del pensamiento, y sobre todo la confianza en sí mismo, que les permite ser dueños de su propia vida.

Shakespeare, es el más grande de los genios según Bloom porque es uno de los pocos autores que logra representar la realidad de sus tantos y diversos personajes -a través de diálogos-, con una naturalidad donde más que una obra de teatro, parece un acto en el escenario del mundo. También por la estética del lenguaje que se encargó de educar en la universalidad, a algunos de los ‘genios’ que ocupan otros lugares de su lista. Es por esto que ha dedicado varios capítulos de sus ensayos a hablar del autor de las obras famosas ‘Romeo y Julieta’, ‘Hamlet’, ‘El mercader de Venecia’, y por si fuera poco, escribió un libro de más de 700 páginas –‘Shakespeare, la invención de lo humano’- donde al igual que en las clases que ha dictado a sus alumnos de la universidad Yale, enseña a leer y hace un análisis de la obra de quién “nos creó tal cual somos”, por el gran número de personajes que reflejan la esencia de lo que es el ser humano a partir de su ingenio, carácter, inteligencia, maldad, y los aspectos que salen a relucir en algún momento.

Los ‘genios’ de Bloom, son aquellos que logran expresarse en su propia naturaleza y son únicos por excelencia. No la excelencia que entendemos como el hombre que imita algo a la perfección, sino al hombre que muestra su vida en una expresión creativa: al músico que toca los acordes que salen directo del alma, el escritor que utiliza palabras prestadas pero logra frases propias, el dibujante que distingue una gama de colores, no por los nombres, sino por el sentimiento que nace partir de ellos… el niño que juega con sus propias reglas que dejan de ser reglas cuando ve la necesidad de modificarlas.

Así cómo en la pintura se busca interpretar, más que comprender; en la literatura se busca apreciar, más que analizar. Apreciar con admiración y agradecimiento por permitir que lo leído produzca un enriquecimiento en el pensamiento del lector; es por eso que en ‘Cómo leer y por qué’ y ‘Relatos y poemas para niños extremadamente inteligentes de todas las edades’, Harold Bloom busca, a través de muestras y ejemplos de autores y obras en las que no falta Shakespeare, Chéjov, Hemingway, Dostoievski, Oscar Wilde, Carroll y otros de los autores que considera geniales, para que los -genios–niños y jóvenes del mañana, encuentren en los libros lo que no les brinda la televisión y el computador: “una formación de la personalidad y una vuelta a la subjetividad de los sentimientos acendrados y los pensamientos profundos”, y un sentido de apreciación que les falta para poder formarse una personalidad que les permita ser ellos mismos. En este mundo mediatizado es necesario que las personas llenen con la literatura, el vacio que por naturaleza nace a medida que crecen y conocen su mundo, porque las propagandas, videojuegos y la cultura de consumo, sólo les crean nuevos vacíos imposibles de satisfacer.

La lectura es una búsqueda de una parte de nosotros mismos en los libros. Más que encontrar respuestas, tener temas de conversación, creer ciegamente o entretenerse, la lectura invita a la reflexión y como consecuencia a unas conclusiones que el lector asume y aplica a su vida para vivir mejor. Es por eso que Bloom, escribió ‘El canon occidental’: "porque somos mortales y nuestro tiempo es limitado" y aunque se desee, no es posible leerlo todo. Con esta guía de 26 autores se tiene una base excelente sobre qué leer, empezando con autores de ‘la edad aristocrática’ –que incluye autores medievales-, hasta ‘la edad caótica’ (modernidad y época actual). Sabiendo también que los autores elegidos para el libro no escribieron con cargas ideológicas, sino por el simple placer de hacerlo, y sus principales elementos son la originalidad y la extrañeza. Primordiales para decidir si una obra es canónica.

Leer a Bloom es conocer de muchos autores y saber que nos están esperando para mostrarnos su experiencia. Obliga a realizar un estudio de los libros que tenemos en la biblioteca para alegrarnos cuando encontramos a alguno de sus genios, y sabemos que lo hemos leído, o cuando no nos hemos permitido siquiera ojearlo, pero sabemos que es un amigo guardado en algún estante. Leer a Bloom, ante todo, significa comprender que es posible entender al mundo a través de las letras de Shakespeare, Dostoievski, Woolf, Tolstoi, Dante y todos los genios que dejan en sus escritos la esencia de su individualidad.

Por Paula Andrea Gómez Saldarriaga

lunes, 11 de mayo de 2009

Cheshire y los temas libres

Anoche tuve un sueño donde los árboles caminaban. Los pequeños –en su proceso de aprendizaje- hacían desastres en las ciudades al tropezar con las bicicletas, otros se atravesaban en las calles consiguiendo que el tráfico colapsara, los que empezaban a gatear, dejaban ramas por todos lados; los niños corrían por ahí traspasando vidrios de los almacenes, los adolecentes rebeldes querían fumar y a veces se incendiaban accidentalmente, y los ancianos, iban como sonámbulos –en una ciudad de sonámbulos-.

En el sueño apareció un gato de Cheshire, llamado Cheshire, y era idéntico al de un gráfico del libro que me leía la noche anterior: en tonos grises, con un brillo opaco en esos ojos saltones, sentado en la rama de uno de esos árboles móviles y una sonrisa macabra que quedaba flotando en el aire cuando el gato se desvanecía. “Podrás ver a un gato sin sonrisa pero nunca a una sonrisa sin gato”, dijo el personaje, cuyo nombre pertenece a un condado de Inglaterra, donde nació Lewis Carroll –autor de Alicia en el país de las maravillas, Alicia a través del espejo y otras obras llenas contenido lógico-matemático y una mezcla musical y poética.

Es curioso que al ver fotografías de gatos, tomadas en la noche, con una cámara de celular mediocre, lo único que aparece en la imagen, es un par de ojos brillantes color rojo o amarillo, y es miedoso ver que de Cheshire, solo se ve esa sonrisa hipócrita que tantas pesadillas me produjo en la infancia. Hasta ahora el sueño transcurría normal.

Luego apareció una monja con bigotes, a la que se le movía la túnica por la velocidad que llevaba en sus patines. ‘Pobre monja, tiene la medias mojadas’, pensé, y me di cuenta que yo era uno de esos árboles sonámbulos. ‘¿Qué comen los árboles?’, me pregunté y busqué al sol para que me diera la respuesta, pero no estaba. ‘¿Acaso nos morimos de hambre los días sin sol?’, encontré un gato flaco que carecía de sonrisa pero tenía brillo en los ojos: ‘este no es especial como Cheshire porque tiene el brillo donde no pertenece’, así que decidí comerlo. No pensaba morir de hambre en mi primer día como árbol viejo.

El gato pasó entero por mi boca y siguió derecho por el tronco. Luego lo vi salir por una de las raíces, o piernas… o patas, y huyó despavorido. -¡Gato!, ¡oye!, ¿aló?, ¿aló?-. Me di cuenta que los árboles no hablábamos. ‘¿Entonces para qué tenemos boca si no hablamos y no comemos?’… ‘Alguna sonrisa hipócrita deberías tener’, me respondí y de nuevo apareció Cheshire, el gato feliz.

-“Escribe el artículo de opinión sobre el tema libre”, y su sonrisa perduró mucho rato en el aire. El sueño comenzaba a transformarse en una pesadilla, pero no porque tuviera que hacerle caso a Cheshire, sino porque me di cuenta que ese sueño voluble se empezaba a dejar manipular por mi cabeza: ‘ahora no eres árbol, eres ratón’, pensé, y me encontré corriendo para salvar mi vida antes de que el gato que –cuando era árbol- me había intentado comer, me atrapara. ‘Quiero un helado de nuez’, y el helado apareció por arte de magia en mi brazo inmóvil -pues era una estatua-. ‘No es justo, yo quiero comerlo… ahora quiero ser Paula’... Y desperté con la mano vacía, pensando en ese gato que probablemente estaría disfrutando el helado de nuez. ‘Ojalá comparta con el pobre árbol anciano que no pudo comer gato’.

-“Escribe el artículo de opinión de tema libre”, recordé las palabras de Cheshire -el macabro- y fui por el periódico a buscar los temas de esta semana: “Se confirma tres casos de gripe AH1N1 en Colombia”, “No a la reelección del presidente”, “la Fiscalía acusa al ex director del DAS”, “el papa Benedicto esta en Israel”, “Jacob Zuma, nuevo presidente de Sudáfrica”… -‘Supongo que el tema es libre. Además, prefiero la realidad de los sueños que la realidad de la realidad’, pensé y luego –con los dedos- empecé a teclear.

Por Paula Andrea Gómez Saldarriaga

sábado, 2 de mayo de 2009

El poder de los muertos

A los muertos les debemos la vida, aunque no me refiero a la simple tarea de morir para que otros puedan vivir: las bibliotecas, el conocimiento sobre los astros, el agua caliente, la moda… y hasta el tenedor, se lo debemos a miles de muertos que están sobre nosotros y se preocuparon por dejar un legado sobre sus inventos y avances científicos, tecnológicos y filosóficos, que han perdurado en el tiempo.


¿Qué sería de la medicina sin la posibilidad de tener los avances, escritos en papiros? Probablemente todavía buscaríamos la cura para la tuberculosis. Y, ¿qué sería de las comunicaciones sin el papiro, la electricidad o el lenguaje? Considero que no hay que responderlo. Simplemente este texto no sería posible.


La calidad de vida que tenemos actualmente, es gracias a quienes tuvieron temor al olvido. Es que la memoria humana es algo más efímero que la vida misma, y es por eso, de vital importancia, que los conocimientos estén escritos en lenguaje asequible para la sociedad. Esto permite que las siguientes generaciones puedan retomar una investigación y poder concluirla o -por lo menos- evolucionarla.


El año 2009 fue declarado por las Naciones Unidas, como el Año Internacional de la Astronomía. Fue por esto que en la UPB se realizó la última semana de abril, la Jornada de Forjadores de Ciencia y Cultura donde se celebraron los últimos 400 años que han sido de grandes avances astronómicos en el mundo. Desde la primera vez que Galileo descubrió ‘la cara de la Luna’ y desvirtuó la teoría geocéntrica, apoyándose en la teoría –heliocéntrica- de Copérnico que argumenta que los planteas giran en torno a un eje: el Sol.


Novecientos años más tarde se conoció otra teoría científica que habla sobre la Vía Láctea -una galaxia como centro estático del universo- donde hay varios ejes que cuentan con una variedad de sistemas solares parecidos al nuestro. En la actualidad, y apropósito de la celebración del año astronómico, se tiene conocimiento científico sobre el origen del universo, que data hace 13.700 millones de años, y afirma que el universo no tiene centro porque evoluciona y está en expansión acelerada, donde posiblemente en algún tiempo se borrarán las huellas de su origen.


Por eso es de vital importancia conseguir que el conocimiento perdure a través de la historia para evitar que los ciudadanos del futuro, ocupen su tiempo averiguando la edad del universo, o buscando una cura para la tuberculosis u otra enfermedad que suponga riesgo para la vida humana.


Nosotros somos los muertos del futuro y tenemos el deber de dejar registro –como lo hizo José Celestino Mutis, que fue el primer biólogo y astrónomo en Colombia- sobre los descubrimientos científicos, que en un futuro serán la base de nuevos saberes. Así como lo fueron para nosotros, la electricidad, los espejos, los cronómetros, el calendario, la navegación…

Por: Paula Andrea Gómez Saldarriaga