A los muertos les debemos la vida, aunque no me refiero a la simple tarea de morir para que otros puedan vivir: las bibliotecas, el conocimiento sobre los astros, el agua caliente, la moda… y hasta el tenedor, se lo debemos a miles de muertos que están sobre nosotros y se preocuparon por dejar un legado sobre sus inventos y avances científicos, tecnológicos y filosóficos, que han perdurado en el tiempo.
¿Qué sería de la medicina sin la posibilidad de tener los avances, escritos en papiros? Probablemente todavía buscaríamos la cura para la tuberculosis. Y, ¿qué sería de las comunicaciones sin el papiro, la electricidad o el lenguaje? Considero que no hay que responderlo. Simplemente este texto no sería posible.
La calidad de vida que tenemos actualmente, es gracias a quienes tuvieron temor al olvido. Es que la memoria humana es algo más efímero que la vida misma, y es por eso, de vital importancia, que los conocimientos estén escritos en lenguaje asequible para la sociedad. Esto permite que las siguientes generaciones puedan retomar una investigación y poder concluirla o -por lo menos- evolucionarla.
El año 2009 fue declarado por las Naciones Unidas, como el Año Internacional de la Astronomía. Fue por esto que en la UPB se realizó la última semana de abril, la Jornada de Forjadores de Ciencia y Cultura donde se celebraron los últimos 400 años que han sido de grandes avances astronómicos en el mundo. Desde la primera vez que Galileo descubrió ‘la cara de la Luna’ y desvirtuó la teoría geocéntrica, apoyándose en la teoría –heliocéntrica- de Copérnico que argumenta que los planteas giran en torno a un eje: el Sol.
Novecientos años más tarde se conoció otra teoría científica que habla sobre la Vía Láctea -una galaxia como centro estático del universo- donde hay varios ejes que cuentan con una variedad de sistemas solares parecidos al nuestro. En la actualidad, y apropósito de la celebración del año astronómico, se tiene conocimiento científico sobre el origen del universo, que data hace 13.700 millones de años, y afirma que el universo no tiene centro porque evoluciona y está en expansión acelerada, donde posiblemente en algún tiempo se borrarán las huellas de su origen.
Por eso es de vital importancia conseguir que el conocimiento perdure a través de la historia para evitar que los ciudadanos del futuro, ocupen su tiempo averiguando la edad del universo, o buscando una cura para la tuberculosis u otra enfermedad que suponga riesgo para la vida humana.
Nosotros somos los muertos del futuro y tenemos el deber de dejar registro –como lo hizo José Celestino Mutis, que fue el primer biólogo y astrónomo en Colombia- sobre los descubrimientos científicos, que en un futuro serán la base de nuevos saberes. Así como lo fueron para nosotros, la electricidad, los espejos, los cronómetros, el calendario, la navegación…
Por: Paula Andrea Gómez Saldarriaga
¿Qué sería de la medicina sin la posibilidad de tener los avances, escritos en papiros? Probablemente todavía buscaríamos la cura para la tuberculosis. Y, ¿qué sería de las comunicaciones sin el papiro, la electricidad o el lenguaje? Considero que no hay que responderlo. Simplemente este texto no sería posible.
La calidad de vida que tenemos actualmente, es gracias a quienes tuvieron temor al olvido. Es que la memoria humana es algo más efímero que la vida misma, y es por eso, de vital importancia, que los conocimientos estén escritos en lenguaje asequible para la sociedad. Esto permite que las siguientes generaciones puedan retomar una investigación y poder concluirla o -por lo menos- evolucionarla.
El año 2009 fue declarado por las Naciones Unidas, como el Año Internacional de la Astronomía. Fue por esto que en la UPB se realizó la última semana de abril, la Jornada de Forjadores de Ciencia y Cultura donde se celebraron los últimos 400 años que han sido de grandes avances astronómicos en el mundo. Desde la primera vez que Galileo descubrió ‘la cara de la Luna’ y desvirtuó la teoría geocéntrica, apoyándose en la teoría –heliocéntrica- de Copérnico que argumenta que los planteas giran en torno a un eje: el Sol.
Novecientos años más tarde se conoció otra teoría científica que habla sobre la Vía Láctea -una galaxia como centro estático del universo- donde hay varios ejes que cuentan con una variedad de sistemas solares parecidos al nuestro. En la actualidad, y apropósito de la celebración del año astronómico, se tiene conocimiento científico sobre el origen del universo, que data hace 13.700 millones de años, y afirma que el universo no tiene centro porque evoluciona y está en expansión acelerada, donde posiblemente en algún tiempo se borrarán las huellas de su origen.
Por eso es de vital importancia conseguir que el conocimiento perdure a través de la historia para evitar que los ciudadanos del futuro, ocupen su tiempo averiguando la edad del universo, o buscando una cura para la tuberculosis u otra enfermedad que suponga riesgo para la vida humana.
Nosotros somos los muertos del futuro y tenemos el deber de dejar registro –como lo hizo José Celestino Mutis, que fue el primer biólogo y astrónomo en Colombia- sobre los descubrimientos científicos, que en un futuro serán la base de nuevos saberes. Así como lo fueron para nosotros, la electricidad, los espejos, los cronómetros, el calendario, la navegación…
Por: Paula Andrea Gómez Saldarriaga
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