La semana pasada se conoció el caso de Tim Kretschmer quien mató a 15 personas y luego se suicidó. El joven alemán de 17 años era exalumno del colegio donde inició la matanza; amante de los juegos de video violentos, de las películas de terror y jugaba ping pong. En el colegio se perfilaba como un estudiante poco sociable y apartado de todos (dijo un maestro suyo).
Psicólogos, sociólogos, políticos y profesores apuntan a que los videojuegos violentos contribuyen a que los jóvenes con tendencias psicópatas realicen actos desenfrenados como recurrir al homicidio de ciudadanos, amigos y familia; afirman también que el común dominador de ellos, es que juegan o jugaron videojuegos.
Es cierto que el abuso de consolas y juegos alienantes, hace que los jóvenes se aíslen de la sociedad y encuentren un escenario no real en el juego, lo que termina por convertirlos en personas antisociales y con miedo a relacionarse con otros. Lo mismo que pasa con la televisión y la Internet, pero, es probable que otro común denominador de dichos jóvenes, sea usar jeans y camisetas. ¿Entonces todos los que usan ese tipo de ropa también son peligrosos? No creo que la culpa sea completamente de los juegos y videos violentos. Puede ser que éstos tengan parte de la culpa, así como la televisión, los libros, revistas, periódicos; pero la mayor culpa es de la sociedad. Como el hombre destruye su entorno, también se autodestruye y lo mismo hace con los demás.
Las opiniones acerca de los videojuegos están divididas: mientras algunos educadores y psicólogos afirman que los juegos estimulan las aptitudes de razonamiento estratégico, la imaginación y la creatividad, otros difieren y aseveran que son culpables de un aislamiento de los niños y jóvenes de la sociedad actual.
Cada vez estamos más estrechos pero no quiere decir que estemos acompañados. Estamos estrechos y solos. ¡Qué paradoja! Mientras tenemos más, también tenemos menos. Estamos llenos de información pero es tanta que no sabemos qué hacer con ella, no tenemos tiempo para digerirla, para investigarla o para verificarla, nos toca tragar entero y conformarnos con una vida rápida y vacía. Cada vez tenemos menos posibilidades de mirar el cielo porque la ciudad nos pone paredes de cemento y techos de humo, y si no miramos hacia el horizonte y hacia arriba, no hay oportunidades para soñar, que a la hora de la verdad es lo que más nos produce ganas de vivir. Puede que estos jóvenes homicidas y en muchos casos suicidas, no tengan oportunidad de mirar el cielo y soñar, o puede ser también que sólo observan un cielo virtual y sus sueños también son virtuales.
Hablando de suerte
Otro común denominador de los jóvenes que balearon a sus compañeros y profesores, es que son de países desarrollados. Ellos tuvieron la suerte de nacer allá y ese tipo de violencia no es usual debido a las oportunidades y modelos de vida que tienen. Pero, por ejemplo, yo tuve la suerte de nacer en Colombia, un país donde las oportunidades son para pocos, y estamos más acostumbrados al fracaso que en otros países. ¿Será por eso entonces? ¿Qué nosotros estamos acostumbrados al dolor y por eso no salimos con un arma a matar a quien se atraviese, sólo por el hecho de haber fracasado en algo o simplemente porque no salió como esperábamos? ¿O será que si en Colombia nuestros padres tuvieran una colección de armas, correríamos a matarnos? Me inclino más por la primera opción. Es más, pensándolo bien yo creo que en nuestro país se ven cosas peores casi a diario. Lo que pasa es que ya no es escándalo porque no se trata de un joven estudiante, con acceso a buenas oportunidades, comida, educación, información, entretenimiento…armas. En cambio en el caso de los jóvenes de Colombia, son pocos los que tienen acceso a éstas mismas oportunidades, o como otro gran porcentaje; están en el campo incorporándose a las guerrillas o están en barrios marginados metiendo droga y delinquiendo. Tal vez sea cuestión de suerte, pero no creo que la culpa sea de los juegos de video, sino de la sociedad que los lleva a aislarse de la realidad.
Por: Paula Andrea Gómez Saldarriaga
Psicólogos, sociólogos, políticos y profesores apuntan a que los videojuegos violentos contribuyen a que los jóvenes con tendencias psicópatas realicen actos desenfrenados como recurrir al homicidio de ciudadanos, amigos y familia; afirman también que el común dominador de ellos, es que juegan o jugaron videojuegos.
Es cierto que el abuso de consolas y juegos alienantes, hace que los jóvenes se aíslen de la sociedad y encuentren un escenario no real en el juego, lo que termina por convertirlos en personas antisociales y con miedo a relacionarse con otros. Lo mismo que pasa con la televisión y la Internet, pero, es probable que otro común denominador de dichos jóvenes, sea usar jeans y camisetas. ¿Entonces todos los que usan ese tipo de ropa también son peligrosos? No creo que la culpa sea completamente de los juegos y videos violentos. Puede ser que éstos tengan parte de la culpa, así como la televisión, los libros, revistas, periódicos; pero la mayor culpa es de la sociedad. Como el hombre destruye su entorno, también se autodestruye y lo mismo hace con los demás.
Las opiniones acerca de los videojuegos están divididas: mientras algunos educadores y psicólogos afirman que los juegos estimulan las aptitudes de razonamiento estratégico, la imaginación y la creatividad, otros difieren y aseveran que son culpables de un aislamiento de los niños y jóvenes de la sociedad actual.
Cada vez estamos más estrechos pero no quiere decir que estemos acompañados. Estamos estrechos y solos. ¡Qué paradoja! Mientras tenemos más, también tenemos menos. Estamos llenos de información pero es tanta que no sabemos qué hacer con ella, no tenemos tiempo para digerirla, para investigarla o para verificarla, nos toca tragar entero y conformarnos con una vida rápida y vacía. Cada vez tenemos menos posibilidades de mirar el cielo porque la ciudad nos pone paredes de cemento y techos de humo, y si no miramos hacia el horizonte y hacia arriba, no hay oportunidades para soñar, que a la hora de la verdad es lo que más nos produce ganas de vivir. Puede que estos jóvenes homicidas y en muchos casos suicidas, no tengan oportunidad de mirar el cielo y soñar, o puede ser también que sólo observan un cielo virtual y sus sueños también son virtuales.
Hablando de suerte
Otro común denominador de los jóvenes que balearon a sus compañeros y profesores, es que son de países desarrollados. Ellos tuvieron la suerte de nacer allá y ese tipo de violencia no es usual debido a las oportunidades y modelos de vida que tienen. Pero, por ejemplo, yo tuve la suerte de nacer en Colombia, un país donde las oportunidades son para pocos, y estamos más acostumbrados al fracaso que en otros países. ¿Será por eso entonces? ¿Qué nosotros estamos acostumbrados al dolor y por eso no salimos con un arma a matar a quien se atraviese, sólo por el hecho de haber fracasado en algo o simplemente porque no salió como esperábamos? ¿O será que si en Colombia nuestros padres tuvieran una colección de armas, correríamos a matarnos? Me inclino más por la primera opción. Es más, pensándolo bien yo creo que en nuestro país se ven cosas peores casi a diario. Lo que pasa es que ya no es escándalo porque no se trata de un joven estudiante, con acceso a buenas oportunidades, comida, educación, información, entretenimiento…armas. En cambio en el caso de los jóvenes de Colombia, son pocos los que tienen acceso a éstas mismas oportunidades, o como otro gran porcentaje; están en el campo incorporándose a las guerrillas o están en barrios marginados metiendo droga y delinquiendo. Tal vez sea cuestión de suerte, pero no creo que la culpa sea de los juegos de video, sino de la sociedad que los lleva a aislarse de la realidad.
Por: Paula Andrea Gómez Saldarriaga
Es la voz autorizada de una persona que tiene conocimiento de los problemas de la juventud, de los cuales es testigo permanente. La reflexión está bien desarrollada. Tiene también un tono poético en ciertos pasajes, este artículo. Y no descuida el aspecto analítico.
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