lunes, 30 de noviembre de 2009

Un placer suizo, gracias a un primer hermano que nunca fue

Hace una semana recibí una dulce sorpresa de la que ahora sólo me queda un aroma lejano, en algún lugar de mi almohada. Su nombre comienza con ‘ch’ y termina con signo de exclamación.

La historia comenzó hace muchos años; pero retomémosla cuando mis padres se conocieron en la universidad, él de pelo revolcado y mirada profunda, y ella de pelo largo y decenas de besos del demonio* en su rostro. Es que era tan hermosa que hasta el diablo quiso besarla y le dejó tantas marcas que tuvo que transmitirme algunas -porque ya no le cabrían en su piel-, pero que con el paso de los años se me han ido borrando -o tal vez logran pasar desapercibidas porque hay cosas más importantes para hacer, que estar en la búsqueda de ‘brujas’ pecosas** -.

En fin… se enamoraron, se casaron, concibieron un hijo que salió mucho antes de lo esperado y tal vez ni siquiera alcanzaron a pensar un nombre para él –me enteré en un sueño que éste niño que nunca pudo ser, vendría con aquellos regalos del diablo que no cabían en el rostro de mi madre -, luego vino otro que salió justo a tiempo –y no pudo traer los besos, aquellos, porque tiene un gran parecido con mi padre y supongo que sólo eran para los que veníamos con piel más clara-, y después llegué yo –que, como el primero, salí antes de tiempo, pero sí pude ser, y traje las pecas que el primero abandonó y que al segundo le fueron negadas-.

Siempre fui una niña mecatera, amante de lo dulce y lo helado, hasta un día –que no recuerdo-, cuando conocí el mayor placer*** que se siente principalmente en el gusto, luego en el olfato, después en la vista, seguido del tacto y los oídos –como última medida, pero muy importante también, porque permiten entrar en un mundo pausado y silencioso donde sólo hay que centrar la energía en lo que se está disfrutando-. Supongo que todavía no podía hablar y me enteré que lo llamaban chocolate, y si sí hablaba, entonces no me atreví a decir nada inmediatamente porque cuando algo es tan delicioso, primero se goza en silencio y luego se elogia.

No recuerdo como fue mi experiencia con este nuevo amor que entró a mi vida inesperadamente, pero sé que después, cuando tuve mis primeros ‘dineritos’, una cliente indirecta –que era yo-, pasó a ser una cliente fiel. Recuerdo cómo clandestinamente iba a la cocina de mi casa y mientras todos dormían y tomaba porciones discretas de chocolate –siendo consciente de que si me lo comía todo, seguramente lo iban a esconder-.

Un día llegó una tía –la de las almohadas de plumas de pato-, de un viaje por Europa. Seguramente trajo obsequios y juguetes, pero lo único que recuerdo eran las cajas de chocolates suizos que administró durante varias reuniones familiares, y para mi fortuna, me delegó la tarea de repartirlos entre todos. Fue cuando me di cuenta que los chocolates que habitualmente consumía, no podían compararse con lo que ella había traído. Fue lo mejor que pasó por mi boca pero también me trajo la tristeza de saber que faltaba mucho tiempo antes de volver a probar de esos manjares.

Años después, con ‘la globalización’, llegaron los chocolates suizos a los almacenes de cadena. Según me contaron después, muy costosos –comparados con los precios de venta en Europa-, y aunque poca importancia le di a los precios, supe que ese sabor de chocolate suizo, lo recordaba de manera diferente.

Pasó mucho tiempo antes de volver a pagar más de $ 10.000 pesos por uno de esos chocolates, y fue el día que regresó “la reina adicta al chocolate” –como se hizo llamar-, una amiga que vivió un año en Alemania y compartió conmigo, bolsas llenas de chocolates que traía en su maleta. Fue, entonces, cuando me di cuenta que los ‘chocolates suizos’ de acá, no eran de allá. Los memorables recuerdos de mi infancia, distorsionados por -tal vez- un ingrediente o un viaje menos largo, volvieron.

Por la ocasión de los verdaderos chocolates en mi boca, describí su sabor en muchas hojas. A veces sentía que me quedaba corta de palabras, pero al final logré un pequeño documento que me ayudaría a recordar el sabor de un verdadero chocolate, y así, el día que comprara uno suizo que no fuera suizo, tendría la oportunidad de no olvidar su verdadero sabor. Pero el plan falló, cuando me pasé de casa y el documento se perdió.

Fue muy triste aquella pérdida y por eso mi alegría, el día que llegó un joven apuesto con regalos de suiza. Regalos con sabor a infancia. Podría volver a escribir el manuscrito de aquella vez; pero el plan falló. No pude evitarlo. Fui débil. No aguanté y me los comí sin interrupción alguna, sin detenerme a teclear una sola palabra. El placer se acabó, el olor aun permanece en algún lugar de mi almohada, y me queda el aprendizaje de… No, no me queda ningún aprendizaje, sólo una alegría que ya se fue, y para la próxima, tal vez me detenga un poco a pensar y a escribir.


*Besos del demonio: las pecas, anteriormente, se consideraban una marca que el demonio dejaba en las brujas al cerrar un pacto con él.

**A comienzos de la Época Moderna se implementaron varias pruebas en las cacerías de brujas, para identificarlas fácilmente, una de ellas era pinchar con una aguja, las pecas, manchas o verrugas en la piel de las acusadas y al ver que no había dolor o sangrado, las declaraban brujas. Algunas de las agujas estaban diseñadas para engañar a las víctimas: cuando se presionaban contra la piel, éstas se metían dentro del mango de la aguja, sin causar dolor, y la mujer acusada profería gritos de dolor-aunque no lo sintiera- por miedo a ser considerada bruja.

***No quiero que por lo escrito anteriormente, la música se enoje conmigo: tú sabes, querida, que te amo desde siempre y eres mi consentida. El más grande de los placeres.


Por: Paula Andrea Gómez Saldarriaga

viernes, 29 de mayo de 2009

Canon de genios para futuros genios

Harold Bloom es un crítico alemán que sostiene varias teorías acerca del estudio de la literatura como medio necesario para vivir. Odiado por muchos y amado por otros, Bloom ha escrito más de 20 ensayos entre los que se destacan ‘Genios’, ‘Shakespeare, la invención de lo humano’, Cómo leer y por qué’, ‘Relatos y poemas para niños extremadamente inteligentes de todas las edades’, ‘El futuro de la imaginación’ y el que más despertó interés entre el público y críticos “El canon occidental’.

Bloom es un enamorado de la literatura, aunque a diferencia de los enamorados no tiene nada que perder porque la cercanía al conocimiento es un juego en el que participa a la vez como amigo y a la vez como amante, y entonces perder no es una opción. Pues el amor y la amistad son sentimientos hermanos y no existe la forma de amar a alguien sin ser amigo, o de ser amigo sin amarlo -de cierto modo-, y la literatura es una amigo que aparece mientras se está en soledad: invita a reflexionar, a conocer personajes muertos o vivos, y sobre todo porque hay muchas formas de leerla para interpretar la ‘realidad’ de infinitas formas, y de hacer explícito lo que hay implícito en una lectura.

Un ideal es un pensamiento que se tiene de algo que parece imposible de alcanzar, pero si se trabaja en ello constantemente, es probable que se logre un acercamiento interesante, con la posibilidad de permitir que otros lo sigan construyendo. Así como millones de vivos del pasado –y muertos del presente- lucharon por conseguir una rápida y efectiva forma de comunicación, pasando por señales de humo, la rueda, las cartas, entre otros; los muertos del futuro, contamos con herramientas como la Internet, la telefonía, y en general, tecnología que nos permiten desarrollarnos a través de sueños cumplidos, que otros hombres tuvieron antes que nosotros.

El ideal de Harold Bloom cada vez se ve más amenazado por las herramientas que en algún momento fueron ‘el ideal’ de otros. Los niños y jóvenes de la actualidad no son grandes lectores como lo fueron los de otra época, es por eso que Bloom ha escrito libros con los que busca llegar al mayor número de personas posibles para que al igual que él estudien y se enamoren de la literatura que es necesaria para acercarse a la sabiduría y de este modo poder vivir mejor.


Genios y escritores

‘Genios: un mosaico de cien mentes creativas y ejemplares’, es una lista de ‘genios’ –como su autor los llamaría- que han dejado en sus escritos, la esencia de lo humano, del pensamiento, y sobre todo la confianza en sí mismo, que les permite ser dueños de su propia vida.

Shakespeare, es el más grande de los genios según Bloom porque es uno de los pocos autores que logra representar la realidad de sus tantos y diversos personajes -a través de diálogos-, con una naturalidad donde más que una obra de teatro, parece un acto en el escenario del mundo. También por la estética del lenguaje que se encargó de educar en la universalidad, a algunos de los ‘genios’ que ocupan otros lugares de su lista. Es por esto que ha dedicado varios capítulos de sus ensayos a hablar del autor de las obras famosas ‘Romeo y Julieta’, ‘Hamlet’, ‘El mercader de Venecia’, y por si fuera poco, escribió un libro de más de 700 páginas –‘Shakespeare, la invención de lo humano’- donde al igual que en las clases que ha dictado a sus alumnos de la universidad Yale, enseña a leer y hace un análisis de la obra de quién “nos creó tal cual somos”, por el gran número de personajes que reflejan la esencia de lo que es el ser humano a partir de su ingenio, carácter, inteligencia, maldad, y los aspectos que salen a relucir en algún momento.

Los ‘genios’ de Bloom, son aquellos que logran expresarse en su propia naturaleza y son únicos por excelencia. No la excelencia que entendemos como el hombre que imita algo a la perfección, sino al hombre que muestra su vida en una expresión creativa: al músico que toca los acordes que salen directo del alma, el escritor que utiliza palabras prestadas pero logra frases propias, el dibujante que distingue una gama de colores, no por los nombres, sino por el sentimiento que nace partir de ellos… el niño que juega con sus propias reglas que dejan de ser reglas cuando ve la necesidad de modificarlas.

Así cómo en la pintura se busca interpretar, más que comprender; en la literatura se busca apreciar, más que analizar. Apreciar con admiración y agradecimiento por permitir que lo leído produzca un enriquecimiento en el pensamiento del lector; es por eso que en ‘Cómo leer y por qué’ y ‘Relatos y poemas para niños extremadamente inteligentes de todas las edades’, Harold Bloom busca, a través de muestras y ejemplos de autores y obras en las que no falta Shakespeare, Chéjov, Hemingway, Dostoievski, Oscar Wilde, Carroll y otros de los autores que considera geniales, para que los -genios–niños y jóvenes del mañana, encuentren en los libros lo que no les brinda la televisión y el computador: “una formación de la personalidad y una vuelta a la subjetividad de los sentimientos acendrados y los pensamientos profundos”, y un sentido de apreciación que les falta para poder formarse una personalidad que les permita ser ellos mismos. En este mundo mediatizado es necesario que las personas llenen con la literatura, el vacio que por naturaleza nace a medida que crecen y conocen su mundo, porque las propagandas, videojuegos y la cultura de consumo, sólo les crean nuevos vacíos imposibles de satisfacer.

La lectura es una búsqueda de una parte de nosotros mismos en los libros. Más que encontrar respuestas, tener temas de conversación, creer ciegamente o entretenerse, la lectura invita a la reflexión y como consecuencia a unas conclusiones que el lector asume y aplica a su vida para vivir mejor. Es por eso que Bloom, escribió ‘El canon occidental’: "porque somos mortales y nuestro tiempo es limitado" y aunque se desee, no es posible leerlo todo. Con esta guía de 26 autores se tiene una base excelente sobre qué leer, empezando con autores de ‘la edad aristocrática’ –que incluye autores medievales-, hasta ‘la edad caótica’ (modernidad y época actual). Sabiendo también que los autores elegidos para el libro no escribieron con cargas ideológicas, sino por el simple placer de hacerlo, y sus principales elementos son la originalidad y la extrañeza. Primordiales para decidir si una obra es canónica.

Leer a Bloom es conocer de muchos autores y saber que nos están esperando para mostrarnos su experiencia. Obliga a realizar un estudio de los libros que tenemos en la biblioteca para alegrarnos cuando encontramos a alguno de sus genios, y sabemos que lo hemos leído, o cuando no nos hemos permitido siquiera ojearlo, pero sabemos que es un amigo guardado en algún estante. Leer a Bloom, ante todo, significa comprender que es posible entender al mundo a través de las letras de Shakespeare, Dostoievski, Woolf, Tolstoi, Dante y todos los genios que dejan en sus escritos la esencia de su individualidad.

Por Paula Andrea Gómez Saldarriaga

lunes, 11 de mayo de 2009

Cheshire y los temas libres

Anoche tuve un sueño donde los árboles caminaban. Los pequeños –en su proceso de aprendizaje- hacían desastres en las ciudades al tropezar con las bicicletas, otros se atravesaban en las calles consiguiendo que el tráfico colapsara, los que empezaban a gatear, dejaban ramas por todos lados; los niños corrían por ahí traspasando vidrios de los almacenes, los adolecentes rebeldes querían fumar y a veces se incendiaban accidentalmente, y los ancianos, iban como sonámbulos –en una ciudad de sonámbulos-.

En el sueño apareció un gato de Cheshire, llamado Cheshire, y era idéntico al de un gráfico del libro que me leía la noche anterior: en tonos grises, con un brillo opaco en esos ojos saltones, sentado en la rama de uno de esos árboles móviles y una sonrisa macabra que quedaba flotando en el aire cuando el gato se desvanecía. “Podrás ver a un gato sin sonrisa pero nunca a una sonrisa sin gato”, dijo el personaje, cuyo nombre pertenece a un condado de Inglaterra, donde nació Lewis Carroll –autor de Alicia en el país de las maravillas, Alicia a través del espejo y otras obras llenas contenido lógico-matemático y una mezcla musical y poética.

Es curioso que al ver fotografías de gatos, tomadas en la noche, con una cámara de celular mediocre, lo único que aparece en la imagen, es un par de ojos brillantes color rojo o amarillo, y es miedoso ver que de Cheshire, solo se ve esa sonrisa hipócrita que tantas pesadillas me produjo en la infancia. Hasta ahora el sueño transcurría normal.

Luego apareció una monja con bigotes, a la que se le movía la túnica por la velocidad que llevaba en sus patines. ‘Pobre monja, tiene la medias mojadas’, pensé, y me di cuenta que yo era uno de esos árboles sonámbulos. ‘¿Qué comen los árboles?’, me pregunté y busqué al sol para que me diera la respuesta, pero no estaba. ‘¿Acaso nos morimos de hambre los días sin sol?’, encontré un gato flaco que carecía de sonrisa pero tenía brillo en los ojos: ‘este no es especial como Cheshire porque tiene el brillo donde no pertenece’, así que decidí comerlo. No pensaba morir de hambre en mi primer día como árbol viejo.

El gato pasó entero por mi boca y siguió derecho por el tronco. Luego lo vi salir por una de las raíces, o piernas… o patas, y huyó despavorido. -¡Gato!, ¡oye!, ¿aló?, ¿aló?-. Me di cuenta que los árboles no hablábamos. ‘¿Entonces para qué tenemos boca si no hablamos y no comemos?’… ‘Alguna sonrisa hipócrita deberías tener’, me respondí y de nuevo apareció Cheshire, el gato feliz.

-“Escribe el artículo de opinión sobre el tema libre”, y su sonrisa perduró mucho rato en el aire. El sueño comenzaba a transformarse en una pesadilla, pero no porque tuviera que hacerle caso a Cheshire, sino porque me di cuenta que ese sueño voluble se empezaba a dejar manipular por mi cabeza: ‘ahora no eres árbol, eres ratón’, pensé, y me encontré corriendo para salvar mi vida antes de que el gato que –cuando era árbol- me había intentado comer, me atrapara. ‘Quiero un helado de nuez’, y el helado apareció por arte de magia en mi brazo inmóvil -pues era una estatua-. ‘No es justo, yo quiero comerlo… ahora quiero ser Paula’... Y desperté con la mano vacía, pensando en ese gato que probablemente estaría disfrutando el helado de nuez. ‘Ojalá comparta con el pobre árbol anciano que no pudo comer gato’.

-“Escribe el artículo de opinión de tema libre”, recordé las palabras de Cheshire -el macabro- y fui por el periódico a buscar los temas de esta semana: “Se confirma tres casos de gripe AH1N1 en Colombia”, “No a la reelección del presidente”, “la Fiscalía acusa al ex director del DAS”, “el papa Benedicto esta en Israel”, “Jacob Zuma, nuevo presidente de Sudáfrica”… -‘Supongo que el tema es libre. Además, prefiero la realidad de los sueños que la realidad de la realidad’, pensé y luego –con los dedos- empecé a teclear.

Por Paula Andrea Gómez Saldarriaga

sábado, 2 de mayo de 2009

El poder de los muertos

A los muertos les debemos la vida, aunque no me refiero a la simple tarea de morir para que otros puedan vivir: las bibliotecas, el conocimiento sobre los astros, el agua caliente, la moda… y hasta el tenedor, se lo debemos a miles de muertos que están sobre nosotros y se preocuparon por dejar un legado sobre sus inventos y avances científicos, tecnológicos y filosóficos, que han perdurado en el tiempo.


¿Qué sería de la medicina sin la posibilidad de tener los avances, escritos en papiros? Probablemente todavía buscaríamos la cura para la tuberculosis. Y, ¿qué sería de las comunicaciones sin el papiro, la electricidad o el lenguaje? Considero que no hay que responderlo. Simplemente este texto no sería posible.


La calidad de vida que tenemos actualmente, es gracias a quienes tuvieron temor al olvido. Es que la memoria humana es algo más efímero que la vida misma, y es por eso, de vital importancia, que los conocimientos estén escritos en lenguaje asequible para la sociedad. Esto permite que las siguientes generaciones puedan retomar una investigación y poder concluirla o -por lo menos- evolucionarla.


El año 2009 fue declarado por las Naciones Unidas, como el Año Internacional de la Astronomía. Fue por esto que en la UPB se realizó la última semana de abril, la Jornada de Forjadores de Ciencia y Cultura donde se celebraron los últimos 400 años que han sido de grandes avances astronómicos en el mundo. Desde la primera vez que Galileo descubrió ‘la cara de la Luna’ y desvirtuó la teoría geocéntrica, apoyándose en la teoría –heliocéntrica- de Copérnico que argumenta que los planteas giran en torno a un eje: el Sol.


Novecientos años más tarde se conoció otra teoría científica que habla sobre la Vía Láctea -una galaxia como centro estático del universo- donde hay varios ejes que cuentan con una variedad de sistemas solares parecidos al nuestro. En la actualidad, y apropósito de la celebración del año astronómico, se tiene conocimiento científico sobre el origen del universo, que data hace 13.700 millones de años, y afirma que el universo no tiene centro porque evoluciona y está en expansión acelerada, donde posiblemente en algún tiempo se borrarán las huellas de su origen.


Por eso es de vital importancia conseguir que el conocimiento perdure a través de la historia para evitar que los ciudadanos del futuro, ocupen su tiempo averiguando la edad del universo, o buscando una cura para la tuberculosis u otra enfermedad que suponga riesgo para la vida humana.


Nosotros somos los muertos del futuro y tenemos el deber de dejar registro –como lo hizo José Celestino Mutis, que fue el primer biólogo y astrónomo en Colombia- sobre los descubrimientos científicos, que en un futuro serán la base de nuevos saberes. Así como lo fueron para nosotros, la electricidad, los espejos, los cronómetros, el calendario, la navegación…

Por: Paula Andrea Gómez Saldarriaga

lunes, 27 de abril de 2009

Shylock de Venecia y Barrabás de Malta

Un asesino judío fue indultado en lugar de Jesús según el Evangelio, y desde ese momento se ha documentado el odio hacia los judíos. Es culpa de Jesús de Nazaret o del mismo Jesús Barrabás –el indultado- que el antisemitismo o mejor llamado -por el filósofo israelí Gustavo Perednik- Judeofobia, haya sido y sea el causante de tantas guerras recaídas sobre la humanidad.

El mercader de Venecia de William Shakespeare y El judío de Malta de Christopher Marlowe son dos obras literarias y teatrales, que cuentan con algunos personajes y situaciones comunes que sirven de referente para conocer el trato a los judíos y los sistemas económicos y legales del siglo XVI. Y quien lo iba a creer, sería la base del sistema económico y legal, actual.

Shylock y Barrabás son dos judíos que en un comienzo se dejan ver como personas de buena fe, cuyo mayor interés se encuentra en acumular riquezas y mostrarse como personas pacíficas que a diferencia de los cristianos, están dispuestos a convivir en armonía con los miembros de la sociedad, a pesar de ser humillados y fastidiados por los que guardan fe en Cristo. En cambio, para ese entonces, los cristianos se muestran como seres crueles y desalmados que no consideran a los judíos, personas dignas.

En ambas obras –escritas en el mismo siglo- puede verse lo que se entiende por ley y la importancia de que sea cumplida para no manchar el nombre de una ciudad. En El mercader de Venecia, cuando aclaman piedad por la vida de Antonio, que se encuentra en manos de Shylock, y el juez –a pesar de querer ayudarlo- se niega a romper las leyes debido a que dicha anomalía quedaría grabada en la historia de Venecia y dejaría de ser una ciudad con leyes irrompibles.

Aunque ambos judíos se muestran inteligentes y fríos manipuladores, hay un momento en las historias donde ambos se ven burlados por sus hijas que enamoradas, se convierten al cristianismo. La ley, que también los burla, encuentra la manera para despojarlos de todas sus pertenencias, dejándolos abatidos con sólo una pequeña fracción de sus posesiones, que es recuperada a través de la mentira o de la falsa bondad de los cristianos que anteriormente se mostraban intolerantes.

Los judíos dieron un primer y triunfante paso, y esto los llevó a cobrar por el tiempo, del que según los cristianos, el único dueño era dios. Por esto, los primeros se enriquecieron y los segundos, lentamente cedieron al darse cuenta de que era la única forma para que las riquezas crecieran, a través de los intereses, y a través del tiempo. Intereses que eran los únicos intereses de los judíos, y valga la redundancia. No me refiero específicamente a intereses financieros, sino de todo tipo. Como la libra de carne, que Shylock reclama a Antonio.

En las obras de Marlowe y Shakespeare aparecen dichos intereses de manera explícita cuando Barrabás hace la reflexión después de ayudar a invadir Malta: “Viviré haciendo mi amigo a quien más provecho me dé. Esta es la vida que solemos llevar los judíos, como es razonable, porque los cristianos hacen igual”. También aparece explícito el interés económico de Shylock cuando se entera de los gastos desmesurados que está cometiendo su hija fugada, con la fortuna que le robó: “Preferiría que mi hija estuviera muerta a mis pies, con los ducados en el ataúd y las joyas en las orejas".

Como dice Barrabás y en otro momento Shylock, aprendieron de los cristianos a ser crueles, despiadados, interesados, vengativos y rencorosos. Por eso califico las obras de Marlowe y Shakespeare como documentos históricos que a través de un juego de humillación entre unos y otros (cristianos y judíos) dejan ver que el problema entre ambas culturas, no sólo se debe a la muerte del padre del cristianismo por culpa de un judío, sino por el gran paso que dieron los semitas al acumular riquezas a causa del tiempo del que el hombre no era dueño. Sistema que aun se mantiene vigente y en el que se basa la economía.

Por: Paula Andrea Gómez Saldarriaga

viernes, 17 de abril de 2009

Sillas portátiles en el ascensor

En el ascensor del edificio viejo donde vivía mi tía, caben 10 personas, cuando se detenía en algún piso frenaba con una fuerza tal que alcanzaba a sentir como las mariposas del estómago se revolvían.

En el apartamento había un sofá vino tinto enorme que hace un mes, tuvieron que bajar por las escaleras porque en el ascensor no cabía, y que sorpresa se llevó mi tía cuando supo que no lo podía subir a su nuevo apartamento –en un catorceavo piso-. Ni por el ascensor del apartamento moderno, que escasamente le caben 6 personas, ni por las escaleras en forma de caracol que no permiten la subida del mueble.

Después de lamentarse un rato en el parqueadero del edificio, decidió meter el sofá en el apartamento de mi hermano y se puso furiosa al ver que a ese noveno piso si llegó vía escaleras.
El edificio donde vive mi hermano es 10 años más viejo que el de mi tía y uno está ubicado al lado del otro.

El edificio donde vive mi hermano es 10 años más viejo que el de mi tía y uno está ubicado al lado del otro.

Dentro de 10 años, al frente del edificio de mi tía, habrá una construcción nueva. Me pregunto si los nuevos inquilinos van a contratar un helicóptero para introducir los muebles por el balcón, o si comprarán sillas portátiles para que puedan subirse por el ascensor en el que sólo podrán entrar dos personas, según los cálculos.

Por Paula Andrea Gómez Saldarriaga

jueves, 2 de abril de 2009

Opinión sobre la opinión

Analizando la relación entre el poder y los medios de opinión, descubrí que es mejor cuando se escribe de manera positiva, sobre temas que ayudan a construir una sociedad con pensamientos cada vez más limpios y transparentes, para poder cambiar un problema que viene desde la identidad, y así convertirnos en lo que pensamos.

Es cierto que necesitamos informarnos de lo que ocurre en nuestra sociedad, porque de eso se trata la democracia: dejar que la opinión pública medie el poder entre los gobernantes y gobernados. Entonces, si a través de la educación y medios de información, cambiamos el pensamiento de nuestra cultura, seremos una sociedad positiva y verdaderamente democrática. Esto es algo que ocurre lentamente cuando en los diferentes medios de información, encontramos artículos serios donde prima la investigación exhaustiva, y con ella, la veracidad. Pero en Colombia, los ciudadanos, no estamos educados para opinar con argumentos sólidos. Es cierto que estamos llenos de conflictos, pero no de los que enriquecen y ayudan a ver los problemas desde diferentes perspectivas, entonces el conocimiento de los hechos que le conciernen a la sociedad, quedan en manos de pocos.

En la revista Semana encontré un Daniel Samper que a veces odio pero a la vez me encanta, con artículos medio ficticios que tocan la realidad de una forma magistral como en el Relato erótico, aunque en otros como Confesiones de un papá desesperado o Busco una mascota, lo único que hace es atacar a los personajes públicos de una forma ofensiva, sin tratar temas específicos; además de los constantes argumentos basados en su propia experiencia y analogías. La falta de actualidad en varios de sus artículos me lleva a pensar que son textos guardados en un cajón que abre cuando no se le ocurre de qué hablar. No digo lo mismo de su último artículo en el que habla sobre la penalización de la droga.

En Semana también encontré a Antonio Caballero con textos oportunos, donde muestra a los lectores sus argumentos sólidos, y a diferencia de Alfredo Rangel, deja al público en una posición abierta donde les permite dudar. En cambio Rangel, palabras más, palabras menos, escribe: “debemos tener claro que la forma de garantizar nuestra soberanía, es mantenernos como fuerte aliado, bajo la sombrilla protectora de EEUU”.

También encontré a una María Jimena Duzán un poco contradictoria: dijo que el tema DMG se utilizaba como espuma para evitar escándalos graves como el financiamiento del referendo reeleccionista, y aun así decidió escribir sobre DMG. Haciéndole seguimiento a la periodista, leí otro artículo sobre la actual crisis mundial que afecta a España, donde con gran acierto, hizo un llamado de atención a los colombianos que todavía seguimos encerrados con los mismos problemas.

En el periódico El Tiempo, varios críticos tomaron posiciones definidas contra el tema de legalización de la dosis personal, y a través de sus artículos, dan herramientas a los lectores para comprender y formar un propio juicio sobre el asunto. Daniel Samper recurre a una cita de Fernando Savater para referirse al concepto de tiranía a través de sobreprotección de un individuo, por parte del estado. En otro artículo, apela a un ejemplo para argumentar la falta de sentido sobre el planteamiento de la legislación de Colombia, en convertir a los consumidores, en criminales; pensando que lo más probable es que EEUU se vuelva un productor legal de droga.

Jotamario Arbeláez, –al abordar el mismo asunto- utiliza argumentos de datos estadísticos, y el sentido común, para mostrar su punto de vista negativo frente a la penalización de la droga a través de un lenguaje adecuado, en cambio, Luis Noé Ochoa dijo lo mismo, ayudándose con una jerga popular – casi rayando con la vulgaridad-. En el primer párrafo de su columna Hay ‘dosis’ más urgentes, conté seis palabras que empobrecen nuestro lenguaje. Saúl Hernández –también de El Tiempo- hace un contraste de ideas interesantes donde se pregunta la razón del gobierno sobre crear leyes para erradicar el humo en los espacios cerrados, y después de conseguir logros inmediatos, estudiar la posibilidad de legalizar la dosis personal. Saúl deja ver su posición conservadora – ayudado por un especialista-, siendo objetivo en sus juicios: no le parece razonable que se permita consumir drogas y a la misma vez se piense obligar a los drogadictos a recibir un tratamiento por ‘el problema’ que ha sido legalizado y en cierta forma, aceptado.

Darío Acevedo -respecto al tema de la dosis mínima- deja ver su inseguridad en el manejo del tema y no muestra posición alguna respecto al problema. El argumento más arriesgado del que hace alarde, es una comparación entre la legalidad de comer chicharrón en la calle o consumir droga de forma legal. La pregunta para el columnista es ¿por qué no escribe de otro tema del que no se sienta inseguro, en vez de terminar haciendo analogías que no tienen sentido?

“Deja que aspiren mis hijos, sus dolorosas esencias... Oh dosis inmarcesible, oh júbilo inmoral, en surcos de amapolas, el mal germina ya.”, para Samuel Arango, de El Colombiano, ese sería el Himno Nacional, una vez se legalice el consumo de droga. Esto me lleva a pensar, que las analogías son un elemento común que utilizan varios críticos de los medios, y les permite generar vínculos con los lectores que se sienten atraídos con ejemplos comunes después de ser trastocados con el objeto de la crítica.

Entre los artículos de El Colombiano, que hablan sobre la dosis personal, destaco el de Hernando Gómez Buendía –publicado el 30 de marzo-, donde plantea una síntesis al derrumbar la idea de penalizar con tratamiento psicológico, algo que ha sido aceptado a través de términos legales, y cómo es engañosa la idea de justicia disfrazada con un problema de salud, al hacer creer que internarndo a los drogadictos en un hospital, se soluciona el asunto.

La ‘Columna enmarihuanada” de Héctor Abad Faciolince –de El Espectador-, me parece importante mencionarla porque es, entre todos los artículos que los críticos intentaron crear desde su experiencia bajo los efectos de la droga, el mejor. Debido a la forma solemne como mezcla literatura con música, música con baile y baile con literatura, pero el artículo no pasa de ser una muestra de rebeldía y oposición a las medidas que toma el gobierno. Es cierto que en una democracia debe haber conflicto para poder tomar mejores decisiones, pero la forma como Abad se enfrenta a la medida, puede provocar que los lectores –si no tienen un juicio sobre las consecuencias de las drogas- hagan lo mismo que él: revelarse ante todo lo que el estado plantee y -tal vez- consumir drogas como él mismo lo hizo.

El periodista de opinión debe otorgar herramientas a los ciudadanos para que logren comprender analíticamente, y esto se logra a través de artículos parcializados y objetivos. La manera más eficiente de conseguirlo, es haciendo que los medios de información corten lazos con los gobernantes, pues ambos ya poseen suficiente poder que al mezclarse crean una bomba de poder que en cualquier momento detona. Situación que ocurre cada rato. Pero ahora, lo único que nos queda es alegrarnos porque en Colombia –a diferencia de países vecinos- todavía tenemos el privilegio de expresarnos, casi con libertad.


Por: Paula Andrea Gómez Saldarriaga

martes, 17 de marzo de 2009

Juegos… ¿o cuestión de suerte?

La semana pasada se conoció el caso de Tim Kretschmer quien mató a 15 personas y luego se suicidó. El joven alemán de 17 años era exalumno del colegio donde inició la matanza; amante de los juegos de video violentos, de las películas de terror y jugaba ping pong. En el colegio se perfilaba como un estudiante poco sociable y apartado de todos (dijo un maestro suyo).

Psicólogos, sociólogos, políticos y profesores apuntan a que los videojuegos violentos contribuyen a que los jóvenes con tendencias psicópatas realicen actos desenfrenados como recurrir al homicidio de ciudadanos, amigos y familia; afirman también que el común dominador de ellos, es que juegan o jugaron videojuegos.

Es cierto que el abuso de consolas y juegos alienantes, hace que los jóvenes se aíslen de la sociedad y encuentren un escenario no real en el juego, lo que termina por convertirlos en personas antisociales y con miedo a relacionarse con otros. Lo mismo que pasa con la televisión y la Internet, pero, es probable que otro común denominador de dichos jóvenes, sea usar jeans y camisetas. ¿Entonces todos los que usan ese tipo de ropa también son peligrosos? No creo que la culpa sea completamente de los juegos y videos violentos. Puede ser que éstos tengan parte de la culpa, así como la televisión, los libros, revistas, periódicos; pero la mayor culpa es de la sociedad. Como el hombre destruye su entorno, también se autodestruye y lo mismo hace con los demás.

Las opiniones acerca de los videojuegos están divididas: mientras algunos educadores y psicólogos afirman que los juegos estimulan las aptitudes de razonamiento estratégico, la imaginación y la creatividad, otros difieren y aseveran que son culpables de un aislamiento de los niños y jóvenes de la sociedad actual.

Cada vez estamos más estrechos pero no quiere decir que estemos acompañados. Estamos estrechos y solos. ¡Qué paradoja! Mientras tenemos más, también tenemos menos. Estamos llenos de información pero es tanta que no sabemos qué hacer con ella, no tenemos tiempo para digerirla, para investigarla o para verificarla, nos toca tragar entero y conformarnos con una vida rápida y vacía. Cada vez tenemos menos posibilidades de mirar el cielo porque la ciudad nos pone paredes de cemento y techos de humo, y si no miramos hacia el horizonte y hacia arriba, no hay oportunidades para soñar, que a la hora de la verdad es lo que más nos produce ganas de vivir. Puede que estos jóvenes homicidas y en muchos casos suicidas, no tengan oportunidad de mirar el cielo y soñar, o puede ser también que sólo observan un cielo virtual y sus sueños también son virtuales.

Hablando de suerte

Otro común denominador de los jóvenes que balearon a sus compañeros y profesores, es que son de países desarrollados. Ellos tuvieron la suerte de nacer allá y ese tipo de violencia no es usual debido a las oportunidades y modelos de vida que tienen. Pero, por ejemplo, yo tuve la suerte de nacer en Colombia, un país donde las oportunidades son para pocos, y estamos más acostumbrados al fracaso que en otros países. ¿Será por eso entonces? ¿Qué nosotros estamos acostumbrados al dolor y por eso no salimos con un arma a matar a quien se atraviese, sólo por el hecho de haber fracasado en algo o simplemente porque no salió como esperábamos? ¿O será que si en Colombia nuestros padres tuvieran una colección de armas, correríamos a matarnos? Me inclino más por la primera opción. Es más, pensándolo bien yo creo que en nuestro país se ven cosas peores casi a diario. Lo que pasa es que ya no es escándalo porque no se trata de un joven estudiante, con acceso a buenas oportunidades, comida, educación, información, entretenimiento…armas. En cambio en el caso de los jóvenes de Colombia, son pocos los que tienen acceso a éstas mismas oportunidades, o como otro gran porcentaje; están en el campo incorporándose a las guerrillas o están en barrios marginados metiendo droga y delinquiendo. Tal vez sea cuestión de suerte, pero no creo que la culpa sea de los juegos de video, sino de la sociedad que los lleva a aislarse de la realidad.

Por: Paula Andrea Gómez Saldarriaga

jueves, 5 de marzo de 2009

Ojo por ojo

El sadismo le debe su nombre a Donatien Alphonse François de Sade, que es considerado el primer escritor maldito de la época moderna.

El conocido Marqués de Sade nació en París en 1740 y pasó muchos años en la cárcel, donde escribió la mayoría de historias, novelas y obras de teatro, de las que sólo se recuperaron algunas que no cayeron en manos de la policía o de su propia familia.

Las novelas y obras de Sade contienen relatos eróticos y violentos, fundamentados en una filosofía de desprecio por las normas morales y religiosas. La ley del Talión, es el nombre de uno de sus cuentos donde relata la historia de un burgués que mantiene relaciones sexuales con su prima religiosa, y cuando su esposa lo cuestiona, el hombre le explica que esa es la forma de ganar la salvación divina porque el espíritu santo tomó su cuerpo. Luego su esposa decide vengarse y se acuesta con un vicario. Cuando el burgués la trata de prostituta, ella argumenta de la misma forma: que el espíritu santo tomó su cuerpo.

En la historia aparece el concepto de Ley del Talión como la conocemos hoy: “ojo por ojo, diente por diente, mano por mano… golpe por golpe” que es el mismo concepto ya existente en La Biblia (Éxodo 21: 23-25) y en el Corán (Cap 17, vers 33) que dice: “cuando un hombre es muerto injustamente, damos a su pariente próximo el poder de vengarlo. Que no exceda en la muerte”.

Vemos, entonces, que esta ley es la primera que pone regulaciones a la venganza, tratando de mantener un equilibrio entre el dolor causado y el dolor recibido. Si le cortan un brazo, puede cortar el brazo de quien lo hizo; si matan a su hijo, mate el hijo del asesino; si lo dejan ciego, prívelo de su visión.

El 3 de marzo de este año se conoció la noticia sobre la decisión de una mujer iraní que decide aplicar la Ley del Talión al hombre que le quemó los ojos con ácido, debido a su negativa para casarse con él.

Según las políticas de su país, esta medida es legal y tiene cientos de años de tradición. El problema es que en su cultura, la mujer vale la mitad de lo que vale el hombre, entonces la verdugo sólo podrá afectarle un ojo a menos que pague 20.000 euros, para poder ejecutar la sentencia de forma total.

En la historia islámica de los años 600, se encuentran algunos ejemplos de este tipo de venganza, donde se asesinaba a alguno de los jefes máximos en las batallas, y más tarde se cobraba represaria de la misma manera. Por ejemplo la Batalla del Camello donde vengaron el asesinato de Osmán –el yerno de Mahoma- que fue muerto supuestamente a manos de Alí –otro yerno-. De esta lucha nació la división del Islam entre sunnitas y chiítas. Esto muestra que la venganza puede marcar una cultura y volverse, incluso, política de ella.

Según la tradición y las leyes de Irán, y gracias a La Biblia, al padre del Sadismo y a otros autores que se han encargado de mantener vivas las historias y relatos de venganzas equilibradas; la mujer iraní –llamada Ameneh Bahrami- podrá aplicar, a su reo, la ley del Talión.

Por: Paula Andrea Gómez Saldarriaga

lunes, 23 de febrero de 2009

Sobre los animales


Primero debo aclarar que no me gusta Uribe y que no voy a defender el hecho de que siga como presidente. Pero cada domingo o lunes que leo los artículos de Daniel Samper termino asustada por la forma en que se refiere a los personajes políticos que se adueñan del país.

Segundo: ¡Bien por la libre opinión! Porque es lo único que nos queda para poder recuperar un país tomado por la mentira, la manipulación y el robo, pero me pregunto si la forma como Daniel Samper se refiere a los demás, es la indicada.

Hace dos semanas escribió un artículo titulado ‘Busco una mascota’, donde trató de animales a todos los que le parecieron, y está bien que esté de acuerdo con las teorías que hablan sobre los seres humanos como animales, o que evolucionamos de los monos, y hay muchas teorías que se podrían discutir. Pero no creo que seamos ‘perros’, ‘gatos’, ‘elefantes’, ‘cotorras’, y ‘pájaros’. Lo que nos diferencia de ellos -más que un pulgar- es una cultura, una capacidad para pensar, escribir, traicionar, crear, manipular –y no sólo con las manos, sino con las palabras-…

No sé usted, Daniel, pero yo no compraría una mascota con capacidades para traicionarme. Me daría pánico pensar que podría despertar por un vaso de agua, y de pronto encontrarla ahí, con los ojos abiertos, las manos atrás y algo escondido detrás de su espalda.

La semana pasada escribió un artículo- ‘Una frijolada para Piedad’- donde, al menos, no se refirió a ella como otra mascota. Sólo era una empleada del servicio, que al igual que usted y yo, tiene capacidades superiores a los animales.

En su último artículo, ¡Láncese al agua, Presidente!, me pude reír mucho. Es que en general, con sus últimos artículos me he reído, pero aún sigo sin comprender: ¿qué tiene usted contra los animales? Hay personas que nos creemos buenas moralmente, y también hay otras que se consideran así y terminan siendo el resultado de lo más denigrante que puede producir una sociedad, y entre esas dos especies, se encuentran los animales: los perros, gatos, elefantes, pájaros, animales marinos –como llamó a Álvaro Uribe y no pude evitar imaginarlo con cara de morsa-.

Mire Daniel Samper, lo que quiero decirle es que por favor no se refiera a las personas como animales, ellos podrían ofenderse. ¿Quiénes? Los animales, por supuesto. A cada cual, llámelo por su nombre para que sea menos ofensivo con sus palabras. Si es un corrupto, ladrón, lambón, víctima, manipulador, presidente, lo que sea, llámelo así.

Ahora me pregunto si en su próxima columna, de la siguiente Semana, hablará de animales salvajes o será más específico en alguna especie.


Por: Paula Andrea Gómez Saldarriaga

miércoles, 11 de febrero de 2009

Con el juicio corrupto

Colombia que ha sufrido muchas infamias, entre ellas los secuestros de muchos ciudadanos, también ha tenido que ver con horror cómo los medios de comunicación tratan el tema de la liberación de secuestrados como si fuera un zoológico lleno de animales que gritan, lloran, moquean y sonríen. Ésta es la impresión que me llevo después de ver los noticieros nacionales, después de leer repetidamente las mismas palabras, mismas imágenes, mismos comentarios.

Es cierto que la liberación de una persona que lleva secuestrada varios años, es un motivo de alegría y triunfo, pero en los diarios y noticieros están agotando la noticia y el tema hasta que ya no le encuentran más subtemas por manejar y terminan revelando aspectos que tal vez, no tendríamos que saber porque son asuntos que hacen parte de la intimidad de la familia y del secuestrado.

Uno de los casos particulares que más llama la atención para mostrar la intromisión y falta de respeto en el tratamiento de la información, es el de Clara Rojas y su hijo Emmanuel, cuando, en enero de 2008, Juan Gossaín le preguntó si era cierto que en un momento de desesperación había intentado ahogar a su hijo en un río. ¿Acaso eso era lo que necesitábamos saber los colombianos acerca de sus años de cautiverio? ¿Era más importante saber el nombre del padre del niño que conocer informaciones que pudo obtener estando en el campo?

El secuestro y la situación que padecen quienes lo viven es un tema que no se debería analizar desde afuera, es decir, no me parece correcto que alguien que no lo ha vivido o ha tenido una experiencia cercana, lo juzgue, lo señale y lo interprete. Estar en esa situación o ver sufrir a los seres queridos que sí lo están, vuelve vulnerables y manipulables a las familias, ante cualquiera que muestre intenciones de ayudar y dar un punto final a ese sufrimiento.

Como escribió Orson Scott Card en Una mirada incómoda a un futuro posible, “el afecto personal es un lujo que sólo se puede permitir una vez que se han eliminado los enemigos. Porque hasta ese momento, los seres queridos se convierten en rehenes, que minan el coraje y corrompen el juicio”.

La última liberación de uno de los secuestrados que se encontraba en cautiverio por motivos políticos, y que marcaron la historia del país, fue la de el exdiputado Sigifredo López. Tal vez no fueran únicamente algunas familias quienes tenían el coraje minado; era un país entero con el juicio corrupto, que tal vez aún siguen igual porque el tema de los secuestrados no ha terminado. Todavía quedan muchos que, aunque no tengan la misma voz que los políticos, aún sufren callados, en los campos del país.

Paula Andrea Gómez Saldarriaga